07
May
2013

David Grossman y la cárcel del lenguaje

Por José Gordon

El novelista David Grossman cuenta que cuando su hijo dijo su primera palabra -luz-, se sintió feliz al ver que su desarrollo era sano y normal. Se abría un nuevo mundo al poder nombrarlo. A la vez, Grossman sintió una ligera tristeza. Había algo que su hijo perdía. La palabra dejaba de nombrar las diferentes clases de luces: la luz que cae en una camisa, la que se filtra por una cortina, la que se demora en el cristal de un vaso. Dice Grossman: "Toda esa diversidad se coloca en una pequeña palabra, en una pequeña caja, y uno olvida todas las entidades de luz a las que se exponía antes de tener esa expresión".

El lenguaje se convierte en un amortiguador entre la realidad y la percepción. Las palabras se manipulan para ocultar sentimientos, se vuelven máscaras, clichés que impiden la intimidad, la capacidad de captar matices. Esto dificulta a los niños la tarea de entender e interpretar el mundo. Grossman se ha adentrado en los problemas de la percepción infantil desde la perspectiva de algunos de sus personajes de novela: "Ser niño -dice- es una etapa muy frágil en nuestra vida. Todo el tiempo están en un esfuerzo constante por decodificar el mundo, por descifrar el lenguaje, la relación en la familia, las cosas correctas que hay que hacer o no hacer, por entender su cuerpo".

Cuando mi hija Ilana tenía dos años y medio, constaté este esfuerzo. Estaba sola, sentada en su carriola. Sin que se diera cuenta, vi que movía la palma de su mano de un lado al otro. La miraba con atención y decía las palabras: "Hola... mano". Ella escuchaba mucho esa expresión coloquial y trataba de acomodar el sentido de esas palabras a su mundo: saludaba a su mano.

Grossman cuenta una anécdota que plantea los problemas que viven los niños cuando tratan de ajustar el lenguaje a su realidad: "Hace muchos años cuando acosté a mi hijo a dormir, le dije: 'Esta es la noche más larga del año. Hoy es 21 de diciembre'. Lo cubrí, le di el beso de las buenas noches".

"A la primera luz del día siguiente, irrumpió en nuestro cuarto, cubierto de sudor y en shock. Nos dijo: 'Papá, mamá... ya se terminó. Esta noche ya se terminó'".

El hijo de Grossman vivió esa noche interminable sin saber qué quería decir. Un año después, cuando le contó a su hermano dos años menor que esa noche iba a ser la más larga del año, se lo dijo con un aire de indiferencia. Grossman dice que pudo sentir cómo su hijo había encontrado refugio en la experiencia empírica. El escritor comenta: "No pude dejar de pensar que se había exiliado de sentimientos primordiales que se amortiguan con el escudo del conocimiento. Estoy seguro que mi hijo buscará esa noche primordial, esa que atravesamos en las leyendas y en los mitos".

Tal vez esa sea una de las funciones mayores de la literatura: a través de palabras ayudarnos a escapar de la cárcel del lenguaje.

Categories: Blog - Imaginario colectivo -

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Los editores

PP-Gordon


José Gordon
 (México, D.F., 1953). Novelista, escritor de ensayos y traductor. Su trabajo en la televisión como conductor del Noticiario cultural 9:30 y del suplemento literario Luz Verde, en Canal 22, fueron calificados por el escritor Augusto Monterroso como "dignificantes del periodismo cultural".

Es autor, entre otros libros, de Tocar lo invisible, una exploración de las posibilidades que abren el arte, la ciencia y la imaginación; la novela El libro del destino, considerada por el suplemento cultural El Ángel como uno de los tres mejores libros del año 1996. Dirige y conduce La Oveja Eléctrica, revista de ciencia y pensamiento de Canal 22. Escribe y conduce la serie de cápsulas televisivas Imaginantes.


Rafael

Rafael Cessa. Es veracruzano. Además, estudió una licenciatura en filosofía y una especialidad en enseñanza de lengua y literatura. En su tiempo libre colabora con distintas organizaciones nacionales e internacionales en proyectos culturales, educativos y de formación de lectores y mediadores de lectura. Desde hace un par de años, sus actividades están enfocadas a la atención de públicos juveniles, trabajo que disfruta enormemente. Sus editoriales favoritas son Anagrama, Sexto Piso y Páginas de Espuma (no necesariamente en ese orden). La revolución digital en el mundo del libro no le impide dormir sus horas.